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LECCION 1

¿Qué es el Evangelio de la Gracia de Dios?

“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.”  Romanos 1:16


Pensamiento Clave:  "Deja que esto sea para ti la marca de la verdadera predicación del evangelio, donde Cristo lo es todo, y la criatura no es nada, donde la salvación es todo por gracia, a través de la obra del Espíritu Santo que aplica al alma la preciosa sangre de Jesús". Charles Spurgeon


La palabra evangelio viene del vocablo griego euangelion [εὐαγγέλιον]. Eu que quiere decir “bueno o buena”  y angelion que quiere decir “noticia o mensaje”. La palabra evangelio existía mucho antes de Cristo, pero en un contexto militar. Después de cada victoria un mensajero salía a llevar de cuidad en ciudad las buenas nuevas de la victoria en el campo de batalla.  Esta buena noticia era destinada a un grupo de personas que no habían participado en la batalla. Siempre fue en forma de un anuncio; nunca fue en forma de un consejo de algo que tenían que hacer para recibir algo a cambio. Era el anuncio de algo que habían hecho otros a favor de muchos que no habían hecho nada. (1 Ped. 1:10)


Así pasa también con los creyentes que anuncian el evangelio de la gracia de Dios. Ellos anuncian las “Buenas Noticias” de salvación de todo lo que Cristo hizo a favor de pecadores que no podían hacer nada para ganar la salvación. (Jua. 19:30, Heb. 10:7, Efe. 2:4-10; Rom. 3:20; Gál. 2:6).  Si nosotros no vemos el evangelio como un anuncio de algo que ya fue hecho a favor de muchos que no pueden hacer nada, entonces lo veremos como algo que tenemos que hacer para recibir algo a cambio. Cuando esto pasa el evangelio deja de ser una buena noticia para convertirse en una mala noticia.


La promesa de fe y esperanza del evangelio se nos dio desde el principio.

Dios hizo un pacto de obras con Adán, el cual Adán desobedeció. Este pacto decía: Si me obedeces vives, sino mueres. Cuando Adán desobedeció, Dios, en su misericordia infinita, anunció la “promesa de redención de un mejor pacto que habría de venir y por el cual serían salvos por la fe todos los creyentes, tanto así los del Antiguo Pacto como los del Nuevo  Pacto. (Rom. 5:19a) (Gál. 3:17-18) (Heb. 8:6) (Efe. 1:4). También este anuncio fue la sentencia de muerte para el tentador, el diablo, la serpiente antigua, el enemigo de nuestras almas. La promesa decía así:


Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Gén. 3:15).


Esta era la promesa de aquel último Adán que habría de venir (Jesucristo), nacido de mujer y sin pecado y que restauraría todas las cosas. (Rom. 5:19b,c).  Todos los antiguos creyentes que esperaron en esta promesa redentora fueron salvos por la fe, pues ellos esperaban por la fe ,a un redentor que había de venir y destruir el poder del pecado y la muerte. (Heb. 11;1 Ped. 1:10).  Esta promesa fue consumada en la muerte de Cristo en la cruz y confirmada por Dios al resucitar a Jesús de entre los muertos y vencer al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo. (Heb. 2:24; 7:25, 11:6).   


Siempre la intención de Dios desde el principio fue salvar a un pueblo por gracia, a través de la fe en la promesa del Mesías que habría de venir.  Lo fue en el Antiguo Pacto revelado en promesa y mediante sombras y tipos y lo continúa siendo ahora en el Nuevo Pacto en la persona y la obra de Cristo.  (Rom. 3:30). 


Charles Spurgeon, conocido como el príncipe de los predicadores, dijo: “Este es el primer sermón evangélico que fuera predicado jamás sobre la superficie de esta tierra. Fue, en verdad, un discurso memorable, siendo el propio Señor el predicador y teniendo a la raza humana entera y al príncipe de las tinieblas como audiencia. Es algo digno de nuestra más profunda atención.”


Un Evangelio de Gracia no adulterado (1 Corintios 2:1-15)

La buena nueva del evangelio de Jesucristo es anunciada y creída por la fe (Ro. 5:1). Trata de todo lo que fue hecho por Cristo en la cruz a favor de pecadores. No son recomendaciones o instrucciones morales ni tampoco son ordenes de algo que falta por hacer.  El evangelio “es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Ro. 1:16). Todo se nos da gratuitamente, por gracia, y a través de la fe (es decir, por confiar en lo que Cristo hizo). Es un regalo gratuito de Dios, no es por obras (es decir, no es por nuestra obediencia o nuestros esfuerzos), para que nadie se gloríe (ninguna carne) (Rom. 3:24-26; Efe. 2:8-9). El anuncio ha de ser así para que toda la gloria en la salvación sea solo de Dios. (Jua. 19:28-30)


El evangelio tampoco es Dios haciendo su parte y el hombre haciendo la suya o tratando de cooperar con la gracia de Dios para completar la otra parte que Dios no pudo terminar o poner ahora una nueva obra. Predicar esto también sería adulterar el evangelio, es más, sería ahora endeudarnos con Dios, es anatema, es otro evangelio (ver Rom. 4:1-6; Gál. 1:8-9).  El evangelio trata de la obra terminada de Cristo en la cruz a favor de pecadores. Trata de Cristo y este crucificado. 

Pablo decía: “No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia (es decir, por la obediencia a los Mandamientos), entonces por demás murió Cristo. (Gál. 2:21; 3:1-5; Fil. 3:10). 


En 1 de Corintios 15:1-4 encontramos la más pura y clara definición del evangelio que podemos encontrar en las Escrituras: “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual, asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;…” También en 1 de Corintios 2:2 nos dice de que se trata este anuncio: “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado


La Gracia Salvadora y las obras de justicia

Dios no nos llama a ser lo más bueno que podamos para que en esa base o porcentaje de obediencia él nos acepte. o nos de una justicia basada en nuestro esfuerzo, o por una gracia meritoria o condicionada a nuestras obras. (Gál. 3:1-5). Negamos esto enérgicamente para guardar la integridad del evangelio (Rom. 3:28; Fil. 3:9). Mas bien Dios nos llama a reconocer nuestra maldad y lo mucho que necesitamos de su gracia salvadora para que veamos en el evangelio (en la persona y la obra de Cristo) al único autor y consumador de la fe. (Heb. 12:2). Esta es la esencia del verdadero evangelio de la gracia de Dios y del verdadero arrepentimiento.


El pecador por mucho que trate en sus esfuerzos de obedecer nunca podrá darle a Dios toda la obediencia perfecta que él requiere en su ley (Rom. 3:20, Fil. 2:13, Jua. 3:21, Efe. 2:10) y que solo Cristo pudo darle. Solo Cristo llegó a ese estándar de perfección requerido por Dios. 


Jesucristo no solo obedeció perfectamente la ley de Dios que nosotros deberíamos obedecer, sino que él siendo justo recibió la justa ira de Dios y la muerte que nosotros deberíamos recibir. (1 Ped. 3:18, Heb. 4:15; Gal 3:10). Este conocimiento de la gracia salvadora de lo que Dios hizo en la persona de Cristo a nuestro favor producirá en el creyente gran gozo, asombro y gratitud, de donde saldrán nuevos frutos de obediencia, pero serán frutos de mirar a Cristo por la fe (1 Jua. 4:19). El saber que somos amados de tal manera impulsará a los creyentes a demostrar su fe delante del mundo con las obras que Dios mismo preparó para que anduviésemos en ellas (Efe. 2:10). 


La Biblia nos dice en Efesios 2:8-9 como Dios salva a los pecadores:  

“Porque por gracia sois salvos (gracia = regalo inmerecido) a través de la fe (fe = creer/confiar solo en Cristo) no por obras para que nadie se gloríe (sin obras = sin la obediencia a la ley como condición de salvación). También en Tito 3:5 “…nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,… 


La Fe y las Obras

Así como afirmamos que nuestras obras de justicia no cuentan para nada en la salvación también afirmamos que de esta fe saldrán obras de amor hacia Dios y hacia nuestro prójimo, pero ellas solo sirven para dar testimonio ante el mundo de nuestra fe, no para obtener justicia/salvación delante de Dios ni en la justificación final como algunos afirman.  


El añadir a la fe las obras o la obediencia de la ley como condición de salvación ha sido uno de los ataques más grandes y sutiles que ha tenido el evangelio y una de las doctrinas más mal explicadas a través de la historia. También el involucrar o añadir nuestras obras o frutos, sea antes o después de la conversión, sean tanto como evidencia o como condición de salvación es robarle la gloria a Dios en la salvación. Las obras solo tienen un carácter demostrativo delante de los hombres y ellas estarán presentes en el día del juicio para condenar a los hombres porque ellas fueron hechas en Dios. 


Jesús dice para que sirven nuestras obras: Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. (Mat. 5:16); Lutero decía: “Dios no necesita tus obras, pero tu vecino si”. El gran tema de Pablo siempre fue defender la justificación delante de Dios por la sola fe y el tema de Santiago fue defender como se justifica esa fe delante de los hombres. (Efe. 2:8-9; Tit. 2:11, 3:7; Hch. 15:11; Jua. 2:9; 1 Co.1:21, Mat. 5:16; Stgo. 2:15-16). Si le añadimos algo al evangelio, ya sea la obediencia a la ley o los frutos o las obras, quedará comprometido y condicionado a nuestra obediencia.  


Es importante que alguien que quiera predicar el evangelio tenga esto claro, de lo contrario vamos a llevar a la gente a validarse en la obediencia a la ley o en sus frutos como la condición de salvación y ese no es el evangelio de la gracia de Dios.  (Mat. 25:31-46; 1 Cor. 6:2)


¿Como se ve el Evangelio en la Biblia?

El evangelio en la Biblia se ve como un anuncio. Los creyentes hemos creído a este “anuncio”. (Ver: Jua. 12:38; Hch. 8:4,12, 25, 34, 35, 40; 10:36; 17:3, 23; Rom.10:14-17; 1 Co. 9:16; Mt. 11:5; Luc. 4:43). El evangelio siempre es y será una buena noticia para ser oída y ser creída. Así fue el plan de Dios desde el Antiguo Pacto y así lo es ahora en el Nuevo Pacto: Dios alcanzando al hombre y no el hombre tratando de alcanzar el favor de Dios. (Tit. 3:4-5).  Cuando nuestro evangelismo deja de ser un anuncio se convierte simplemente en solo demandas; y estas demandas nos llevarán equivocadamente de vuelta al Antiguo Pacto de obras para ser validados en nuestra obediencia, por lo que hacemos, y así poder ser merecedores del regalo; esto es conocido como “gracia meritoria”. 

El verdadero evangelio despoja al hombre de toda justicia propia y de méritos (Fil 3:9). 


Dios está interesado en llevar al pecador a ver su depravación y su maldad para que así también pueda ver su amor y su gracia hacia nosotros en la persona de Cristo.  El pecador al recibir esta revelación de Dios responderá en fe y arrepentimiento, lo cual lo llevará a ser agradecido y a una en nueva obediencia; una de fe, ya no por temor a la condenación de la ley sino una que sale del amor que ha recibido por el perdón de sus pecados. 


¿Porque necesitamos el rescate del evangelio?

El Antiguo Pacto que Dios hizo con Adán decía: Si me obedeces vives, si desobedeces mueres. Adán fue nuestra cabeza representativa bajo este Antiguo Pacto de obras. El pacto pedía obediencia, y Adán no la pudo entregar. Él tuvo la oportunidad de haber ejercitado su “libre albedrio” y haber preservado la imagen creada por Dios si él hubiese elegido por el bien; pero no lo hizo, fue tentado y se inclinó hacia el mal y pecó.  Desde entonces nunca más el libre albedrio del hombre ha podido o tiene el poder de inclinarse a hacer siempre el bien (Rom. 3:11-12).  


Por eso necesitamos el evangelio de la gracia de Dios, porque en cuanto a la salvación nuestro libre albedrio está incapacitado para rendirle a Dios la obediencia perfecta que él le exigió a Adán en el pacto de obras, y que aun sigue exigiendo a todo hombre en su ley. (Efe. 2:3; Rom. 3:10-11).  


Lutero decía: La fuerza del libre albedrío no es nada y no hace ni puede hacer nada bueno si está ausente la gracia, también dijo que el libre albedrío no es de ninguna manera libre, sino que es un cautivo y siervo de lo malo, y lo es inmutablemente puesto que por sí solo no puede dirigirse hacia lo bueno.  (Ecl. 7:20; Pr. 10:29; Sal. 130:3; Jer.13:23). 


Cristo es el cumplidor de un nuevo y mejor pacto. Necesitamos el evangelio porque nosotros no podemos darle a Dios por nosotros mismos la justicia que él requiere en su pacto de obras y ratificado en su ley, solo Cristo pudo dársela.  El propósito de Dios al darnos la ley siempre será mostrarnos el pecado, no para que intentáramos salvarnos o validarnos por nuestra obediencia a la ley sino para llevarnos por la fe a ver a Cristo, el cumplidor del pacto, el obediente.


La Mala Noticia 

Para que el anuncio del evangelio sea realmente una buena noticia debemos hablar primeramente de la mala noticia, la cual trata con el pecado y la depravación que mora en nosotros, y que heredamos por la desobediencia de nuestra primera cabeza representativa (Adán) al desobedecer el pacto de obras. Fuera de Cristo (el último Adán) todos estamos destituidos de la gloria de Dios y condenados al infierno eterno. (Rom. 1:21, 3:23; 5:12,  5:16; 6:23, 7:7, 14:23; 2 Tes. 1:9; Isa. 59:2; 1 Jua 3:4; Stgo. 4:17; Sal. 51:5; 1 Jua. 1:8-10; Mta. 7:11; 2 Cor. 5:21; Efe. 1:7).  


Todos heredamos la muerte por la desobediencia de uno (Adán), y heredamos la vida solo por la obediencia de otro (Cristo) (Rom. 5:12-19). Nuestra obediencia nunca nos vivificará ni nos justificará delante de Dios porque el hombre no puede ser justificado por las obras de la ley (ósea por obedecer la ley - Los Mandamientos), sino solo por la fe en Jesucristo (por confiar en la persona y la obra de Cristo). (Gál. 2:16; Rom. 5:1; 8:3; Hch. 13:39; Rom. 3:20-30).

Para hacer resaltar la mala noticia confrontamos a los pecadores con la santa ley de Dios (con sus Mandamientos) para que ellos se vean culpables y violadores y vean su necesidad de un Salvador.  


Resumen: El evangelio es el poder de Dios para salvación, porque Jesucristo, el último Adán, vivió la vida santa y perfecta que el primer Adán ni nosotros podíamos vivir. Dios lo resucitó y de entre los muertos y ahora él esta sentado a la diestra de Dios intercediendo por nosotros y puede sustentar todas las cosas por la palabra de su poder (Heb. 1:3). Porque él, a diferencia de Adán y nosotros, fue tentado en todo pero sin pecado y tiene poder para salvar.  Jesucristo es el santo, el justo, el bueno y el perfecto de Dios y por su sacrificio, muerte y resurrección ahora los creyentes pueden contemplar la gloria de Dios en la salvación, pero solo sobre la base de su gracia, por la causa de Cristo. En esta gloria el creyente va siendo transformado por el Espíritu Santo (2 Cor. 3:18). Dios cumplió su promesa de redención por amor a su nombre y no por algo bueno que vio en nosotros. (Sal. 25:11; 106:6-8; Isa. 43:25; 48:9; Jer. 14:7, 20:21; Eze. 20:44; 1 Jua. 4:9-10).


Ilustración


Cara sucia

Si al mirarte en un espejo notas que tienes la cara sucia, ¿con que te lavarías la cara?  ¿Te la lavarías con el espejo o te la lavarías con agua?


Aplicación: De la misma manera, si al mirarte en el espejo de la ley de Dios (Los Diez Mandamientos), descubres que eres pecador y culpable, y que estas sucio; lo peor que puedes hacer es intentar limpiar tu estilo de vida tratando de ser una buena persona o intentando de ahora en adelante cumplir los Diez Mandamientos como la base de tu aceptación ante Dios. (Stgo 2:10)


La ley de Dios es simplemente un espejo. Dios te hace ver por medio de ella que estas sucio, que eres un pecador.  Jesucristo tiene el agua de vida que te limpia todo pecado.  Lo mejor que puedes hacer es reconocer que estas sucio, ver tu miseria, tu incapacidad de cumplir perfectamente la ley y pedirle a Dios que te perdone y te limpie y te ayude a depositar tu confianza en Cristo para que quedes limpio.  Si no reconoces que eres impuro, toda esa “suciedad” estará presente para ti en el día del juicio como evidencia de tu culpabilidad, y entonces ya será demasiado tarde para venir al que te puede limpiar.


Piénsalo, ¿debería un juez dejar ir a un asesino porque éste diga que va a vivir una vida buena de ahora en adelante?  ¡No!, él criminal tiene una deuda con la justicia y por tanto debe ser castigado y la deuda saldada.  La ley muestra la herida del pecado y el evangelio ofrece la cura y el pago que demanda la justicia divina.


Frases célebres


En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10). Éste, pues, es el evangelio de la gracia de Dios: que Dios puede, sin ser injusto, tratar al hombre con absoluta misericordia, totalmente aparte de sus pecados o sus méritos, porque sus pecados le fueron cargados a Jesucristo, su Hijo amado, quien pagó totalmente el castigo, satisfaciendo así la justicia divina, de modo que Dios es glorioso en santidad y no obstante rico en misericordia.

- Charles Spurgeon 


Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.  (Rom. 1:17)


Objeciones y respuesta bíblica


“Yo espero ir al cielo cuando muera, después de todo me porto bien y no le hago mal a nadie.”

Hay muchos que esperan eso, pero están poniendo su confianza en el lugar equivocado; en sus propios esfuerzos y buenas obras, pero la salvación es solo por gracia, por medio de la fe. 


Solo hay una manera de saberlo, ¿sabes cuál es? Simplemente entrarás en el cielo si has creído al evangelio.  Hay que reconocer que eres pecador y que necesitas el perdón de Dios.  Dios te acepta en base a la obra de su hijo a tu favor dándote fe y arrepentimiento y no en la base de tus obras. La fe es creer/confiar solamente en Jesucristo para tu salvación y el arrepentimiento es un voltearse hacia Dios en reconocimiento de que eres pecador y a la vez un cambio de mente en cuanto al pecado que mora en nosotros y la justicia que Dios nos da en Cristo.  La Biblia dice que el Señor es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. (2 Pe. 3:9).  Lo peor que le puede pasar a alguien es creer que va a ir al cielo por ser bueno y después darse cuenta de que estaba equivocado. 


Recomendaciones en Línea

Ver este corto de tres minutos donde el Dr. Michael Horton nos describe que es el evangelio.  Puedes acceder por este link: 

https://www.youtube.com/watch?v=alWGAb5PWRk


En esta corta explicación podrás entender de que se trata el evangelio de la gracia de Dios.   


Preguntas


1. ¿Qué es el Evangelio?


2. ¿Cuál es la mala noticia que nos afecta a todos?


3. ¿Cuál es la buena noticia?


4. ¿Cuáles son las señales de alguien que tiene un falso evangelio o un “evangelio” adulterado?


Respuestas


1.  El evangelio es el anuncio o la proclamación de la buena noticia acerca de la persona y la obra de Cristo. Su vida, crucifixión, muerte, expiación y resurrección, en la cual Dios le ofrece al pecador el perdón de sus pecados y la vida eterna y la reconciliación con Dios por medio de la fe/confiar en su obra y el arrepentimiento/reconocimiento de nuestros pecados e incapacidad de cumplir la ley perfectamente.  El evangelio no lo podemos vivir ni lo podemos comprar, porque se trata solo de Cristo. Solo podemos creerlo y aceptarlo y recibirlo como un regalo de gracia y estar agradecido a Dios por el. Pablo resumió el evangelio en pocas palabras al decir: “ Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios (el evangelio), no fui con excelencia de palabras o de sabiduría.  Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado (su persona y su obra)… para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres (En nuestras obras o esfuerzos o habilidades), sino en el poder de Dios (En la vida santa de Jesús, en su sacrificio sustitutivo y expiatorio y en la soberanía y voluntad de Dios para salvar a sus electos). (1 Cor. 2:1-5)


2. La mala noticia es que somos pecadores y estamos destituidos de la gloria de Dios. (Rom. 3:23); que nacemos ya con nuestra condición de pecado y estamos muertos espiritualmente. (Rom. 5:16). Que no podemos salvarnos a nosotros mismos, que necesitamos un substituto. Que nuestro libre albedrio quedó cautivo e incapacitado para inclinarse siempre a hacer el bien.

  

3.  El Evangelio es la buena noticia, que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras…”  (1 Cor. 15:1-4). Que en Cristo tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia.  Que somos salvos por gracia por medio de la fe (Efe. 1:7), no haciendo nada, sino creyendo y confiando en la obra de Cristo solamente. Y que Dios quiere reconciliarnos con El por medio de su Hijo Jesucristo.


4.  El falso evangelio busca reconciliar al hombre con Dios por medio de una obediencia conforme a la ley. Habla de hacer algo para que Dios te acepte en vez del perdón y la reconciliación.  El verdadero evangelio habla de la salvación que Dios ya hizo a favor del pecador y no de lo que tenemos que hacer para lograrla. 


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Para reflexionar

La apostasía de los gálatas es un magnífico anuncio de la ley, ¿no es cierto?. Puedes predicar la ley con el mayor fervor, pero si no la acompaña la predicación del evangelio, la ley jamás producirá la verdadera conversión ni arrepentimiento del corazón. No queremos decir que la predicación de la ley no tenga valor, pero sólo sirve para impresionarnos con la ira de Dios. La ley abate a la persona. Es necesario el evangelio y la predicación de la fe en Cristo para levantar a la persona y salvarla. 

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Frases en la Historia

Theodore Beza (1519 - 1605)

Fue un teólogo, reformador y erudito protestante reformado francés que desempeñó un papel importante en la Reforma. Vivió la mayor parte de su vida en Ginebra.  

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